Imposible no verlos. Están en todas partes: en los complejos semaforizados de las avenidas, en las peatonales, en los bares, en la plaza Independencia, algunas calles del microcentro, en los bares, trabajando, cartoneando o mendigando. Según un informe efectuado durante el segundo semestre de 2010 por el Observatorio de la Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina (UCA), sobre el trabajo infantil en las grandes ciudades de Argentina, el 17,6% de los chicos argentinos de entre 5 y 17 años realiza algún tipo de trabajo doméstico intensivo o desempeñan actividades económicas. La muestra se realizó en un universo de 6.000 hogares de todo el país.
El número representa un promedio de lo que acontece a nivel nacional en los grandes centros urbanos. En el Gran Tucumán, la situación es mucho peor porque se registra un 24,6%, de acuerdo con el informe. Se indica que el 10,9% de la niñez y adolescencia realiza tareas domésticas de modo intensivo: 7,7% en el grupo de edad de cinco a 13 años y 18.5% en los adolescentes entre 14 y 17 años. El trabajo urbano en cualquiera de sus formas (doméstico o en actividades económicas) alcanza en el Gran Tucumán al 24,6% en la niñez y adolescencia entre los cinco y 17 años (36,7 % entre los 14 y 17 años y 19,6 %, entre los cinco y 13 años). El muestreo señala que la labor infantil está naturalizada en las zonas rurales y en la necesidad de las familias de dejar a sus hijos a cargo de las tareas domésticas para salir a trabajar.
Lo curioso es que en Tucumán no hay estadísticas sobre tan delicado asunto. La ministra de Desarrollo Social afirmó que el tratamiento del trabajo infantil está incluido en la agenda política y que en su cartera se están articulando medidas y se siguen casos específicos o denunciados por la sociedad.
En 2009, la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores afirmó que alrededor de 14.000 chicos trabajaban en Tucumán: 5.000 cumplían labores de adultos en las cosechas hortícola, de tabaco, de frutilla, de arándano, de caña, de papa, de citrus y en la actividad ladrillera. Se indicaba que unos 1.500 niños trabajaban en las calles en San Miguel de Tucumán. Uno de los principales problemas es que una buena parte de estos chicos debe abandonar la escuela para trabajar y ayudar a sostener la economía familiar.
En la Argentina, la Ley Nº 26.390, promulgada en junio de 2008, prohíbe todo tipo de actividad laboral, sea remunerativa o no, de los chicos menores de 16 años. La norma elevó de 14 a 16 años la edad mínima de admisión al empleo adolescente, pero aclara que no podrán desarrollar tareas peligrosas o insalubres ni tampoco realizar horas extras, en el marco de una jornada laboral reducida de seis horas diarias.
En su informe global sobre trabajo infantil, la Organización Internacional del Trabajo señala que el número mundial de niños trabajadores descendió de 222 millones a 215 millones durante el período 2004-2008, alrededor de un 3%, lo cual representa una desaceleración en el ritmo de reducción a nivel mundial.
Una sociedad justa se mide por el tratamiento que les da a sus viejos, sus niños y sus discapacitados. La ausencia de estadísticas provinciales está reflejando cuál es el grado de importancia que el Estado le da a este asunto. Una simple recorrida por el centro, por las avenidas, por los barrios marginales le mostraría la realidad a los funcionarios de cualquiera de los tres poderes. Los planes asistencialistas implican pan para hoy, hambre para mañana. Es necesario que haya políticas sociales que generen educación y dignidad. De ese modo, habrá menos chicos en la calle y más padres con trabajo en blanco.